Hace tres días se anunciaba que Venezuela, presidida por Hugo Chávez, había aprobado un nuevo proyecto de ley que prohibiría la venta de cualquier tipo de película, juego o videojuego que pudiese resultar violento u ofensivo.
Las razones son las de siempre: "proteger la salud mental de niños y niñas".

Alemania, después de un suceso que ha conmovido al país, está estudiando implantar un modelo muy similar al venezolano, el cual prohibiría cualquier distribución de contenido violento en los videojuegos (algo que podría afectar a la propia industria del país).

Con esto se vuelve a abrir el debate que llevaba algún tiempo sin aparecer: ¿Pueden los juegos trastornar la mentalidad de los que juegan?
Mi opinión la plasmé hace unos meses en este blog y todavía no ha cambiado mi forma de verlo. Creo que prohibir este tipo de material no arreglará nada, si no que aumentará las ganas de jugarlo y difundirlo por internet. Además, ¿no existe el código PEGI, que alerta a los padres de lo que estará jugando sus hijos? ¿no deberían de ser los propios padres los que cuidaran de sus hijos, y no utilizar una consola como niñera?

Si estas medidas continúan, no me extrañaría nada que dentro de unos años el debate se reabra en otros países europeos o americanos. ¿Será el principio del fin de la violencia en el mercado electrónico?

1 comentario:

Rêignerok Chäos dijo...

Prohibirlo es una estupidez. El que quiera conseguirlos, los conseguirá, e incluso, como tú dices, fomentan el querer jugar a esos juegos prohibidos.

Es increíble cómo todavía no se dan cuenta de que lo único que consiguen al prohibir cosas como ésta, es aumentar las ganas de la gente de jugarlo.

Por otra parte, como bien apuntas, deben ser los padres los que controlen a qué juegan sus hijos, al igual que controlan las películas que ven o las páginas web que visitan.

La prohibición, además, perjudicará a las empresas que desarrollan este tipo de juegos, ya que perderán por completo el mercado de un país, pasando a ser descargados por Internet, porque, quieran ellos o no, la gente lo hará.